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Estacionamientos bajo presión: cómo la seguridad electrónica responde al aumento de robos en plazas comerciales

Estacionamientos bajo presión: cómo la seguridad electrónica responde al aumento de robos en plazas comerciales
En Ciudad de México, el robo de autopartes se ha convertido en un problema: durante 2024 se registraron entre 800 y 900 robos de autopartes cada mes, según datos de la Fiscalía capitalina. Una parte importante de estos delitos ocurre en vía pública, pero también en estacionamientos de plazas comerciales, donde se han documentado casos de robo de llantas, espejos, cajuelas y objetos del interior de los vehículos.

Informes recientes señalan un incremento específico de robos de autopartes y cajuelas en estacionamientos de centros comerciales de CDMX, con casos virales como los incidentes en la plaza Mítikah.


Ante este contexto, incluso el Congreso de la ciudad analiza una propuesta para que los estacionamientos sean responsables por robos o daños a los autos. La presión social y regulatoria está empujando a que la seguridad electrónica pase al centro de la conversación.


El estacionamiento como eslabón débil de la experiencia comercial


Para muchos usuarios, la experiencia en una plaza comercial empieza y termina en el estacionamiento. Si el cliente percibe que ese espacio es inseguro, poco vigilado o sin consecuencias para el delincuente, el impacto no solo es emocional: afecta directamente la decisión de volver. El estacionamiento combina factores de riesgo claros: visibilidad limitada, recorridos largos, vehículos estacionados por largos periodos, personas distraídas, horarios nocturnos y, en ocasiones, zonas con baja supervisión física.


El delincuente aprovecha este entorno. En cuestión de minutos puede abrir un vehículo, sustraer objetos del interior, desmontar piezas externas o incluso manipular cajuelas sin levantar sospechas. Cuando las cámaras son escasas, están mal ubicadas, tienen baja resolución o carecen de visión nocturna adecuada, la posibilidad de identificar responsables se reduce al mínimo. En muchos casos, los administradores solo pueden ofrecer disculpas y justificar que “no se vio nada” en los videos.


La presión regulatoria que busca hacer responsables a los estacionamientos por los robos es una señal clara: se espera un estándar más alto de protección. Esto implica pasar de sistemas simbólicos a soluciones de seguridad electrónica diseñadas profesionalmente. Cámaras estratégicamente ubicadas, cobertura visual real de pasillos y accesos, visión nocturna clara, integración con botones de auxilio, monitoreo activo y protocolos de reacción se vuelven elementos imprescindibles.


De tener cámaras a operar un sistema de protección real


Tener cámaras instaladas no significa tener seguridad. La diferencia la marca la operación. Un estacionamiento protegido de forma efectiva requiere videovigilancia con diseño de cobertura, iluminación adecuada, alarmas en accesos críticos, sensores en zonas restringidas y, sobre todo, monitoreo que no se limite a revisar grabaciones después del incidente.


Cuando el sistema está bien integrado, cada evento sospechoso puede desencadenar una acción rápida: un vehículo que permanece demasiado tiempo en una zona poco transitada, una persona que recorre varios niveles sin aparente motivo, movimientos en cajuelas o puertas en horarios poco habituales. Estas situaciones pueden generar alertas para el personal de seguridad, permitiendo que se acerque, disuada o, en su caso, active protocolos con autoridades.


La documentación visual también adquiere un peso nuevo en este contexto. Si la legislación avanza hacia hacer responsables a los propietarios de estacionamientos por daños y robos, contar con registros claros será clave para deslindar responsabilidades, ajustar pólizas y demostrar que existieron esfuerzos razonables de protección. De igual forma, la información recopilada permite analizar patrones: horarios más críticos, zonas más vulnerables, modus operandi repetidos. Con esos datos, la administración puede reforzar ciertas áreas, modificar recorridos de supervisión, mejorar iluminación y justificar inversiones adicionales.


Para las plazas comerciales, la seguridad en el estacionamiento es ya un factor de competitividad. Los usuarios comparan experiencias y, cuando sufren un robo, difícilmente regresan. En cambio, un entorno donde se percibe que hay cámaras bien ubicadas, personal que responde y procesos claros genera confianza y fidelidad.


El aumento de robos de autopartes y delitos en estacionamientos de plazas comerciales ha colocado estos espacios bajo una lupa social y regulatoria. La seguridad electrónica profesional es hoy la herramienta más sólida para proteger vehículos, reducir incidentes y sostener la confianza de los clientes. Si administras un estacionamiento o un centro comercial, es momento de consultar con un especialista en seguridad electrónica para transformar tus cámaras y equipos en un sistema de protección real, medible y alineado a los nuevos estándares que está exigiendo el mercado.


 
 
 

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